Aquí estamos, los cuatro (I)
"Aquí estamos, los cuatro..."
PEDRO DIAZ G./ I
WINNIPEG, 2 de agosto.- De Piero fue la idea. De su insistencia.
Quería, por sobre todas las cosas, estar en Winnipeg. Ver a su padre competir y hacerlo él mismo, juntos, en una gira internacional. Por ello fue que la familia entera, además de planear el viaje con el uniforme de la selección mexicana, compró chamarras porque partiría, "El equipo Tazzer", en pos de la medalla panamericana.
Iniciaría la gira de preparación rumbo a los Juegos el 14 de junio.
Primero, padre e hijo. Gerardo Tazzer salió de México con Piero y les alcanzarían más tarde, por contratiempos con el pasaporte, Anna Rita, su madre, y Anna, su hermana mayor: 16 años.
Montó Piero, todo orgullo, a Fregonero. Una caricia, siempre necesaria, antes de partir de la Agrupación Mexicana Ecuestre, en Lechería, en el largo recorrido hacia Winnipeg.
Primero fue Bromont, Texas.
Muy temprano despertaba el casi adolescente (el 13 de septiembre cumpliría los trece); lo primero era calzarse las botas, enfundarse en el traje de montar, y, envaselinado, esperar la hora de partir hacia el concurso hípico.
Gerardo Tazzer desciende de Liberty. Ha arribado su caballo apenas hoy y son pocos minutos los que emplea para unos cuantos recorridos.
Vence los obstáculos, menores aún, y dice, de pie ante el escenario que siempre le acompaña: una pista de salto, esta vez la del Red River Exhibition, suave, como en lento galope:
-Piero siguió una trayectoria muy parecida a la mía: desde chiquito me acompañaba a montar, le encantaban los caballos. Nos íbamos desde muy temprano, como lo hice yo años atrás con mi padre, don Virgilio Tazzer.
Teníamos, sin duda, una muy bonita relación. Era un niño extraordinario, bueno como ninguno: siempre con un buen gesto hacia los demás. Siempre pensaba en entregar algo de sí.
Se unen a la charla su esposa, Anna Rita González de Tazzer, y su hija Anna.
-...Venimos con el sueño de una medalla. Pero el estar aquí es, básicamente, por la ilusión de cumplir. Estamos en Winnipeg porque nuestro cometido como familia era venir los cuatro a Juegos Panamericanos. Entonces dijimos, vámonos, no importa en qué forma. Costó trabajo, dinero. Muchos planes.
Bromont le significó tres premios: un segundo sitio, un tercero y un sexto, en el Gran Premio de Niños.
Cada día mejor le acomodaban los obstáculos; a cada zancada de Fregonero, más le gustaba su caballo.
-Es -les decía a sus padres con orgullo- tan fregón como yo.
De ahí, a Quebec.
Envió un fax Piero a su madre aquella noche del 31 de mayo, antes de que partieran de México:
"Tráete tus botas, te voy a prestar al Fregonero: This is real paradise...."
Dice toda emoción Anna Rita Tazzer:
-Todas esas cositas, tontas antes, tienen un significado que hoy nadie puede imaginar...
Se celebraba en la ciudad el "Canada's day", había gente en las calles cantando, fuegos artificiales en el cielo...
En el torneo de la Exposición Equina de Quebec, el jueves, Piero consiguió una primera vuelta limpia. Pasó en tercer sitio a la ronda del desempate.
Fue en la segunda vuelta.
Lo narra Gerardo Tazzer:
"Venía el obstáculo uno. El caballo se enlazó hacia atrás, tropezó con la barra, cayó el niño y Fregonero, desgraciadamente, después de él: dio un giro hacia el frente, de rodillas, hizo una marometa y le cubrió. Piero no se pudo mover. Nada. Corrimos. Estaba completamente inconsciente: con la cabeza ya... con el cráneo roto. Seguía vivo pero poco hubo que hacer.
Estaba su mamá, mi hija, que llegaron el día anterior en la noche: lo vimos. Inmediatamente llegaron ahí las asistencias, pidieron una ambulancia, le llevamos a un hospital, especializado, pero a la hora nos lo informaron: se le había ido la vida.
Gallardo lucía Piero con su saco negro. Una semana antes logró el subcampeonato en el Clásico Infantil de Bremont.
-Y como un código de honor -agrega Gerardo Tazzer- dijimos, no importa: de una forma o de otra estamos los cuatro. Uno en cenizas y los otros todavía vivitos y coleando, pero estamos los cuatro.
-...Y el caballo -agrega Anna, hermana mayor-. Fregonero se quedó muy triste. No quería ni comer: cinco días sin hacer nada, sólo mirando, cabizbajo, a la pared.
Piero también está en Winnipeg. Les espera, cada noche, en esa pequeña caja laqueada donde permanecen sus cenizas, sobre la cómoda de la habitación, en el hotel: las moñas últimas que obtuvo, sus fotografías y un pequeño caballo de peluche, que aún le abraza.
Tiene el cristal de la fotografía los besos sobre Piero.
-Lo más duro es al amanecer: cuando llegas vas con toda la energía de la gente. Sientes el amor de quienes te rodean. Tenemos mucho por hacer, todavía: una hija maravillosa, que eso también te anima, y la gente que ha venido a acompañarnos. Todo esto te mantiene el día ocupado, distraído y muy acelerado: y la caballeriza, y la acreditación, y ya llegó el amigo y vámonos a comer. Te da una energía tal que llegas cansadísimo y te duermes.
Le damos un beso al niño, rezamos juntos un Padre Nuestro, que a él tanto le gustaba antes de dormir. Pero cuando amanece dices: chin, otro día. Y si es cierto: como que el espacio en el que duermes es un lapso que no sientes, que piensas inexistente. Los amaneceres son, sin duda, más difíciles.
Escuchan con atención los reporteros.
Es un ánimo extraordinario el que se lee en el gesto de los Tazzer.
Dice Anna Rita:
-En esos días, de vacío incontenible, de desazón, la primera llamada que recibí fue de un fotógrafo profesional. Yo no estaba en el hotel: pregunté y me dijeron que me estaban buscando: él entró clandestino al concurso: no tenía acreditación para tomar fotos, y sin embargo, lo hizo, las iba a vender por abajo del agua. Son, las verán ustedes, enfundado en su playera azul y con el brazo de su padre al hombro, las más lindas que tuve en mi vida. Observa su mirada y me vas a entender. El, estamos seguros, está bien. Y si por él se hizo la gira lo primordial es terminarla. ¿A qué regresar a México?, ¿a meterte debajo de la cama a llorar y a deprimirte.
No.
Lee una copia de lo publicado la familia Tazzer:
Escribió Ramón Márquez C.:
"No se ha ido Piero. Sólo se viste de eternidad".
-Qué lindo. Es lo más lindo que he leído en mi vida.
No se ha ido:
Lo explica Anna Rita, a su manera:
-Es duro, pero ¿sabes?: cuando, por ejemplo, ahorita paseamos por aquí y de pronto surge un arcoiris, lo ves y es fascinante, como lo era Piero; cuando se va te quedas como fascinado de haberlo visto: es muy duro y muy triste pero al mismo tiempo nos deja llenos de una alegría especial. La que Piero nos dio siempre.
Y Gerardo Tazzer:
-En palabras textuales, era el chavito más buena onda que te puedas imaginar.
Están aquí, los cuatro.
Vienen por una medalla.
Para Piero. Porque de él fue la idea; de él tanta insistencia.

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