Va por Piero (III y último)

"Estamos aquí, los cuatro..."
Va por Piero...
PEDRO DIAZ G./Enviado III y última
WINNIPEG, 4 de agosto.- "Guapo como él sólo -dice de Piero su madre Anna Rita y se explaya con la pasión reflejada en cada gesto y el asombro de su hija Anna, que la observa con ternura-... Y no, no es que yo me sienta mamá gallina o que lo idealice porque no está más, pero era un niño excepcional. Puedes preguntarle a todos cuantos le conocieron... Sólo hay algo que me duele, y mucho: si yo pudiera transmitirles en palabras el sueño que él tenía para ser como su papá; es doloroso... eso es lo que me cuesta más trabajo. Sé que Piero está bien. El no veía más lejos que llegar a ser como Gerardo. Y, eso, es un dolor que no se imaginan...
Tuvo problemas para comenzar a leer, el niño Tazzer. Se levantaba amodorrado, en ocasiones, confiesa su madre; "niño al fín". Pero ya en plena gira, recibió Anna Rita un comunicado de su escuela y de inmediato lo transmitió vía fax a su pequeño. Eran las calificaciones; inscrito en el colegio Americano, tuvo el desempeño más alto, en matemáticas, para niños de su edad.
-Le hicieron un estudio sicológico y salió con un IQ altísimo: en plan terreno es una pérdida como hijo y como niño. Era bueno para la equitación; y como muy sabio. Siempre alegre, siempre positivo. Nuestra tristeza, nuestro dolor, por ello, está acompañado de una fuerza muy especial.
Parecerá increíble entenderlo porque tenía doce años, pero en las decisiones de familia, las importantes: una gira a Canadá o a Europa, vender la casa o no venderla; comprar un coche o no hacerlo, en todo ese tipo de cosas, él participaba en forma activa.
-Y como hermano -agrega Anna- siempre fue un niño padrísimo.
Estuve a punto de quedarme paralítico.
Fue el año pasado, en un concurso en la Defensa, de selección para los Centroamericanos; durante el calentamiento reparó el caballo y caí; me rompí la séptima vértebra. Fui a dar al hospital y el doctor Francisco Montalvo me hizo una operación muy buena: permanecí internado. A las tres semanas ya estaba yo caminando perfectamente bien.
Piero hizo el viaje de su vida: se fue a Europa en esos días, el verano pasado, y regresó muy contento: estaba feliz y me decía que no había pasado muy bien en sus pruebas porque le habían dado un caballo que rehusaba un poco. Y lo que más contento le puso fue que regresando ya tenía yo, aquí, a "Fregonero".
Se fue solo, con amigos de México: Jorge Berganza, Ana Portilla, los niños García y Jorge Goñi. Todos fueron a concursar solos. Los llevó un amigo mío, jinete brasileño, Filipinho de Acevedo. Hicieron una gira muy bonita.
A su regreso yo me fui al Mundial a Roma, le fui a ayudar a Federico Fernández. Piero me hablaba por teléfono para decirme que ya había ganado con su caballo: estaba orgulloso de seguir montando.
Y qué bueno.
Porque cuando tenía ocho, o nueve años, se cayó del caballo.
Y el susto fue, para él, enorme: estaba muy chiquito.
Y no, no dejó de montar, pero sí perdió un poquito de entusiasmo.
Hasta que llegó "Fregonero".
Te lo voy a decir: es muy bonito, indescriptible el verlos, sobre todo por la felicidad que los niños tienen en el momento en que están contentos... y luego siguió concursando y cada vez con más entusiasmo, mejor, y ahora sí que más picado día a día.
Fue una yegua que tenía, un poco grande, saltó una barrita y cayó un poco de cabeza, pero no fue nada grave. Luego eso se le olvidó por completo y estaba ahí el niño, siempre con sus caballos.
Tras montar a "Fregonero" no tuvo ya, nunca, sino el deseo de ganar.
Cuando yo me uní a Gerardo supe que mi vida iban a ser viajes, competencias. Le costó trabajo convencerme, es cierto. Pero fue porque yo también tenía mi vida un poco estructurada hacia otras cosas. A mí me gusta mucho cantar y tendía hacia ese ambiente.
Pero cuando Gerardo se me cruzó en el camino, me gustó más él y aquí estoy: dejé cosas que me gustaban también mucho. Y empecé a montar, a competir.
Y estoy encantada en esto.
Nuestro noviazgo fue, sin duda, muy romántico.
Hoy estamos aquí juntos los cuatro. Agradeciendo cada gesto.
Si algo tuve ganas de hacer fue hablar a la gente de EL UNIVERSAL, y darles las gracias. ¿Sabes?: en una pérdida así que alguien tenga la prontitud de decir una palabra amable, de tomarle la importancia al niño, como para nosotros la tiene, es muy lindo.
Y las palabras que alcancé a leer, en un momento tan difícil, no tienen idea de cómo me llegaron.
¿Cómo nos irá?, tú sabes que en esto nunca hay nada escrito. Pero estamos haciendo el esfuerzo de nuestras vidas; el caballo, "Liberty", está en buenas condiciones, el lugar está lindo y ahora sí que con una manita del cielo, igual y tenemos un poquito de suerte.
Le conocí en el mundo de los caballos, que pronto hice mío. Supe que me esperaban viajes, competencias. Así empezó y así quiero que acabe. Esto, en vez de truncarnos la carrera, nos la va a animar. Hasta que Dios nuestro señor lo quiera.
Te voy a decir que mi hijo lo que más deseaba era estar en Winnipeg: hacer la gira con nosotros, que estuviéramos toda la familia juntos, montando, y verme ganar los Panamericanos.
Decidimos que teníamos que seguir adelante. Lo que él hubiera querido es no vernos tristes, y, pues, aquí estamos.
No todos los días han sido buenos, los hay malos: sobre todo ratos malos.
Pero por fortuna mi esposa es una persona fuerte, muy inteligente, lo ha tomado muy bien. Y aquí seguimos.
No. Nunca he pensado en dejar la equitación: esto es mi vida.
Aquello de Moscú fue muy bonito y todo, pero ahora, con la calidad de caballos que hay, creo que podemos conseguir algo muy bueno: ahorita tengo una excelente yegua, "Chanel", y creo que podría ser con la que me retire internacionalmente: es, estoy seguro, la que me va a dar los más grandes triunfos de mi vida.
Misterioso caballero, éste, llamado "Destino".
Caprichoso en sus designios, traza senderos sin regla alguna y después los une. A su libre albedrío. Adopta cualquier forma para cumplir con su cometido. Así sucedió con la medalla de bronce que obtuvo, para México, el equipo de Salto en Moscú 1980: Alberto Valdés, Jesús Gómez Portugal, Gerardo Tazzer y Joaquín Pérez de las Heras.
Ya, don "Destino" lo ha hecho una vez más.
Pone a prueba nuevamente a su jinete.
Piero espera una medalla.
"Fregonero" ha vuelto a casa.
Se despide la familia Tazzer; casi es tiempo de iniciar la competencia. Una noche más, algunas oraciones; beso al niño y comenzará Gerardo Tazzer la prueba más exigente en toda su existencia. En la pista del Red River Exhibition.
-Esto es una cosa de la vida y yo creo que Dios quiso que así fuese. A nosotros nos queda, únicamente, continuar.
Anna Rita:
-Y por ahí, si van a México, les pido que vayan a ver a la Virgen de Guadalupe, y se echen una oración por mi niño y por mi marido. Piero ya está bien, lo sé, ahora al que hay que apoyar es a Gerardo. Nosotras -abraza a su hija con cariño- lo haremos con todo nuestro amor.
Monta a "Liberty" Gerardo Tazzer; trota el tordillo hacia la pista.
Va por Piero.

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